26 de marzo de 2017

Nueve guayabas y contando...

Dios me habló. Me habla, nos habla siempre, pero no siempre lo escuchamos.

Era diciembre y yo estaba de vacaciones. A menudo pensaba, agobiada, qué hacer con mi trabajo. "Regreso, no regreso, renuncio, no renuncio, qué haré, cómo me mantendré, dónde buscaré, qué otra cosa haré... ya estoy muy mayor...", et cætera. Estaba descontenta y a ello se sumaban varias incertidumbres e incomodidades, dolores y malos recuerdos, junto con la sospecha de que esos malos ratos nunca se acabarían.
De pronto, ¡oh sorpresa! Una guayaba a mis pies, en pleno diciembre. La época de guayabas había pasado hacía varios meses y nuestro árbol estaba dando, a lo sumo, muchas hojas secas. Cada vez más deshojado y seco se veía enfermo... parecía moribundo. Lo más seguro es que esta frutita, que se había quedado rezagada en alguna rama estuviera inmadura o podrida. Ni lo uno ni lo otro. ¡Ni un gusanito! Totalmente limpia y madura, ¡muy sabrosa! Me atreví a comerla después de contemplarla un poco.

Con todo y esta señal, mi pensamiento seguía intranquilo y mi confianza en Dios se veía traicionada. Luego de unos pocos días, otra duda. ¡Pero ese mismo día cayó otra guayaba! "¡No puede ser!", pensaba. "Sería mucha casualidad que ésta también estuviera perfectamente madura". Así fue; por lo que, lejos de ser una mera casualidad, entendí que Dios me estaba hablando de Su Providencia.

Cinco guayabas cayeron en diciembre, un mes que no es época de ese fruto. Tres más cayeron en marzo y una en abril, ya anunciando la estación. Sé que Su Providencia nunca me abandonará. Mateo 6, 33 ya nos lo dice: "Busquen primero el Reino de Dios y Su Justicia y todo lo demás se les dará por añadidura". Me lo ha dicho muchísimas veces, desde joven y, ¡vaya corazón duro el mío que aún no termina de fiarse! Si tengo que comer guayabas el resto de mi vida, será la mesa servida por mi Padre para bienestar y salud.

Sigo en mi trabajo, confío en que será para bien. Varias cosas más han pasado y bendigo los malos recuerdos y a las personas que los produjeron. Nueve guayabas van cayendo... y Dios sigue proveyendo.

21 de febrero de 2017

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LAS REDES SOCIALES

Reflexión

¿Cómo demostraban el amor nuestros padres, antepasados, hermanos mayores e incluso nosotros mismos? Hace una década, ¡menos aún!, un lustro apenas, el hecho de concretar un día, una fecha, una hora para el encuentro con alguien amado, era en sí misma un preludio para la vivencia del amor. Era, como dice el zorro en el Principito: "el tiempo que le dedicas a tu rosa, lo que la hace valiosa para ti".
Hoy día, las carreras, el trajín, los desánimos, los miedos y la COMODIDAD (sí, con mayúsculas) sumada a las facilidades de la tecnología, nos hacen creer que apretar un botón, el botón de "SEND" es suficiente para demostrar amor. "Te amo porque te mando mensajitos inspiradores", "Te amo porque te mandé una imagen bonita para desearte feliz día", "Te amo porque te incluí en mi millón de destinatarios con copia oculta"... No es suficiente. No demuestra amor. Ni amistad. No, si tus familiares, amigos, compañeros, de verdad te importan. Tal vez demuestra un poco de egolatría, para que todos los demás encajen en tu mundo "ideal" y vean lo humanitario que eres, los valores que practicas y la bondad a la cual aspiras. Para que todos los demás te entiendan primero, antes de entenderlos tú. Tú ,"el bueno" con los demás, a pesar de la maldad de este mundo.
Un tiempo de calidad, una llamada de voz incluso, un esfuerzo para hacer vida el encuentro nunca será sustituido por la mensajería instantánea. Si de verdad te importan los demás, ámalos. "Llámalos", (agrega la doble ele al principio), haz un tiempo para ellos, sacrifica un tiempo de descanso para verlos, hablarles y escucharles. Pregúntales cómo se sienten, qué ha pasado últimamente en sus vidas y sabrás cuánto tu presencia y tu amistad aporta a las mismas. No se trata de sumar cantidades de amigos a nuestras redes y saturarlos con mensajes positivos (que a veces van hasta repetidos o devueltos al mismo que lo envió). Nunca un texto enviado en diezmilésimas de segundo sustituirá el contacto humano, la calidez de una mirada, de una palabra, de un abrazo... de la pregunta con genuino interés y viendo a los ojos: "¿Cómo te ha ido?" La virtualidad no se equipara a la realidad en cuanto a vivir el amor. Se trata de sumar calidad a la vida que Dios nos ha regalado. Del tiempo hecho y buscado en realidad para el encuentro. Con esfuerzo, agotamiento, sacrificios, aún cuando tenías planeado descansar, dedicarte a ti, olvidarte del resto del mundo. Eso es, en realidad el amor. Practícalo.

17 de febrero de 2017

El símbolo de la paz, totalmente bíblico

Somos hijos de nuestro tiempo y como tales, nos hemos acostumbrado a ver cierta iconografía como parte de la cultura universal. 
El símbolo de la paz, tan conocido, es ampliamente utilizado y difundido en todo el mundo por diversas organizaciones, entidades sin ánimo de lucro, festivales, movimientos, naciones... y se ve ya como algo natural. Sin embargo, pocos sabrán de dónde viene este símbolo formado por la paloma blanca con la ramita de olivo en el pico,  y por qué se utiliza para simbolizar el tan preciado bien de la paz. El origen de tal símbolo es total y auténticamente bíblico. Podemos comprobarlo en el libro de Génesis, capítulo 8 versículo 11, que nos narra cómo Noé, luego que el diluvio cesó, sacó a la paloma del arca para comprobar que hubiera tierra seca. Y literalmente dice así: "Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico".
¡Cuánto detalle en un simbolismo tan simple!
La paz.
La tan ansiada, deseada y esperada paz, encerrada en un ave muy mansa e inofensiva, trayendo en su aliento una muestra del renacimiento de vida en la tierra.
¿Por qué a alguien se le ocurriría convertir esta imagen en sinónimo de paz?
Habrá muchas interrogantes alrededor. Pero esta persona supo abstraer de una historia altamente dramática, lo esencial, el sentimiento con que culmina y que el narrador quiso transmitir; la sensación de alivio, de nuevas oportunidades, de reconciliación, perdón y paz. Y una cosa es segura: esta persona leía la Biblia.

10 de febrero de 2017

¿Por qué nos cuesta tanto volver a confiar?

Es cierto, nos lastima que nos traicionen, que nos mientan, que nos desprecien, que nos hagan una mala jugada. Nos cuesta volver a ver a esa persona con los mismos ojos, hablarle de frente, incluso si hay necesidad de darle un abrazo, por cualquier razón, lo hacemos por compromiso, desviando la mirada, dando un beso al aire. ¿Volver a confiar en ella? ¡Ni de chiste! No contar con ella, no hacerla partícipe de lo nuestro, no permitirnos una nueva debilidad parece ser garantía de nuestra madurez.
Los niños pequeños no son así. Si se pelean por un juguete, por un dulce, por un espacio, al rato se vuelven a ver a los ojos y se abrazan con ternura, olvidando el pequeño altercado.
Es por eso que el Señor nos dijo que nos hiciéramos como niños. Porque los niños aman, sobre todo lo demás. Son libres para amar y no se atan a tristezas del pasado, ni andan acarreando lastres inútiles de desconfianza y sospechas. Prefieren las personas a las cosas, la alegría a la seguridad, la compañía a la admiración.
El fantasma del pasado aunado al ego y los recelos, hace sombra sobre nosotros. Nos impide gozar de esa felicidad que sólo brota del amor genuino brindado en libertad.
Hagámonos como niños, sigamos el consejo del Señor Jesús. Él nos ama tanto que Sus consejos sólo pueden traernos mucho bien... y al gozarlo, nosotros estaríamos a la vez, haciéndolo a los demás.

6 de febrero de 2017

Revertir la sensación de impotencia

Foto tomada de dailymail.co.uk
Impotencia. Amargura. Dolor... frustración y mucha rabia.
"Después de haberles abierto las puertas del país, de nuestras casas, aceptado sus costumbres como propias, de no imponerles nada: Se vestían como en su tierra, hablaban su idioma, comían su comida, celebraban sus tradiciones... Fuimos hospitalarios, amigables, desprevenidos. Los defendimos de los tiranos que los oprimían en su tierra... ¿y así nos pagan?"
Más de algún norteamericano ha de haber tenido este sentimiento el famoso 9/11, pensando en los inmigrantes suicidas.
La inmensa sensación de impotencia los abrumó.
Y posiblemente en aquel momento, en algún rincón de una mansión o en una oficina lujosa de otro edificio que tuvo la suerte de no ser atacado, algún magnate se propuso en su interior no volver a dejar que eso pasara. "¿Nos falló la seguridad? ¡Nunca más! ¿Nos fallaron las barreras de entrada? ¡Nunca más! ¿Fuimos demasiado hospitalarios? ¡Nunca más, nunca más, nunca más..!"
Este magnate seguramente se propuso llegar a la presidencia y revertir la sensación de impotencia y la angustia sobrecogedora de aquel trágico 11 de septiembre. No se puede regresar en el tiempo e impedir que la tragedia suceda; pero tal vez se puede cambiar la sensación de vulnerabilidad que quedó en la conciencia colectiva y si algo está a su alcance para lograrlo, lo hará. Con ello se ha propuesto devolver la sensación de tranquilidad y seguridad a sus compatriotas. Pretende que el sentimiento hegemónico "sobreescriba" el vacío que dejó aquella pérdida irreparable.
¡Nunca más! Estará pensando.
Desea blindar sus fronteras y sus corazones contra el temor a ser nuevamente invadidos, atropellados, mutilados, destruidos, aniquilados. Desea volver a su nación infranqueable desde la idea de recuperar la grandeza perdida.
Visto así, es comprensible su comportamiento. ¿Quién no lo haría, si estuviera en su lugar?
Pero... ¿es despertando hostilidades como lo logrará? ¿O debería escribir su parte de la historia con esta tinta nueva que es mayor conciencia de las propias debilidades? Las raíces de cada estadounidense (con la excepción de un mínimo porcentaje de nativos) están en algún inmigrante que se ganó el derecho a trabajar y un lugar para sus hijos, que hoy con orgullo se llaman ciudadanos. Un derecho muy bien ganado.

5 de noviembre de 2016

Trinity, sálvame del dolor

Pero... ¿por qué me duele tanto, por qué? Me preguntaba yo.
Qué falta de aplomo, qué debilidad, qué inseguridad tan grande que no me deja ejercer el control y la autoridad de la nueva posición que me fue confiada.
Esa personita me debilitaba, me "aguadaba", al mostrarse tan indiferente, tan lejana, tan poco comunicativa, tan ignorante de mí. Mientras yo intentaba empaparme del puesto, del quehacer, del trato, de los problemas y de darles posible solución, ella, tajante, impasible, poco empática y cada vez menos comunicativa, menos dispuesta, menos tolerante.
¿Por qué me debilita tanto su actitud?
"Sea fuerte", dijeron. "Muéstrese segura, que sepa que usted es la jefa"; "ella necesita una figura fuerte".
Busco en mi memoria y encuentro todos los compartires de antaño, las alegrías, las chanzas, las confidencias, el calor de la amistad, la sinceridad, la empatía, la solidaridad, la complicidad...
Y me pregunto: ¿en qué fallé? Y si, como me dicen, no es cuestión de culparme a mí, replanteo la pregunta: ¿qué falló?
Me duele y me duele mucho. No es sólo una relación laboral perdida, es más bien una amistad perdida. Un estrecho vínculo de amor, de confianza, de fidelidad perdida. Es despertar a la realidad de que no era posible permanecer en la amistad dentro de un trabajo. Muchas veces me lo dijeron y yo no lo quise creer. ¡Cultivé tantas amistades en los ámbitos laborales! Pero esta vez fue diferente. Nada de lo que yo ahora haga o diga, retrocederá el tiempo o remendará el lazo roto. Esta vez es para siempre. ¡Qué dolor!
Ahora soy yo misma quien desconfía, quien recela, quien vigila con ojos tristes que los que me rodean muestran una cara delante y tienen otra detrás de mí. Que la solidez de lo cultivado sólo dura un instante y nada permanece.
Me siento, si cabe la comparación, como una madre que perdió un hijo en la ingratitud. ¡Después de amarlo tanto, de darle tanto, de escucharlo y de formarlo! Ver a esa criatura marcharse dando la espalda y despreciando todo lo que en ella se invirtió... duele.

27 de mayo de 2016

Trinity, save me from tyrants

Everybody knows one of them. They are in jobs as well as in politics, army, committees, schools, even in some churches.
The man or woman in charge consider themselves conquerors. They're used to be admired, flattered, accepted, applauded. They use only winning words - success, triumph, defeating, top, best, are some of their favorite ones.
You try to do your job the best you can, but something just doesn't fit in the right place. Suddenly, your eyes open: you don't advance at the same pace others do, because you don't play the same game they play: you don't flatter, you don't brag about your duties - in the end, they are just that: obligations -, you don't lie, you don't flirt, you don't distort what others say just to gain space. You try to do everything with clearness and objectivity... with the truth, even if it harms you. And several times, it does.
Meanwhile, that person's ego keeps growing and growing. It feels good, being adored, admired, flattered... Even some mistakes and omissions don't matter anymore - they have to be minimized. "Who cares?", they think, "I'm the one that puts and takes out; the one who they have to please" ... And some day, you don't know how, they become tyrants. Is it the system..? Is it him or herself? Is it them, who profit from that ego? Is it... us?
They are doing it again: they are raising a tyrant... Or are they breeding one?

25 de abril de 2016

Trinity, sálvame de olvidar al esporofito y al gametofito


Antes de que pasen otros 31 años y se me olvide definitivamente, quiero referirme a uno de los temas de mi clase de Biología, aquel 1984.
Dedico este recuerdo a nuestra querida maestra, doña Elisa Pinzón vda. de Chavarría.
Esta profesora, siempre seria en clase, se transformaba en otra persona cuando era la directora del grupo de teatro, en donde tuve el gusto de compartir en otro tono con ella, en 1982 y 1983. Allí era toda risas, relajamiento y total camaradería. En cambio, como profesora de Matemática, Física y Biología, infundía un temeroso respeto... tal vez por lo intelectual de sus materias.
Uno de los temas en nuestra clase de Biología se refería a los ciclos de reproducción de las plantas, los gametofitos y los esporofitos.
Mi mamá sembró por aquellos años una mata de perejil en nuestro jardín y me llamaba mucho la atención, cómo el perejil se reproducía constantemente sin semillas ni flores. Pero una o dos veces al año lanzaba un tallo extralargo del que salían muchas ramitas con pequeños brotes de florecitas tímidas y delgadas que luego daban paso a múltiples semillitas esféricas.
"¡Eureka!", pensaba yo. "Esto es lo que estamos viendo en clase con doña Elisa". Nunca se lo dije, pero logré captar de manera vivencial el concepto que ella nos transmitía teóricamente.
Hoy día ya no hay perejil en mi jardín pero hay sábila (más conocida como aloe vera). Y me sorprendió mucho volver a ver este ciclo de reproducción tan patente: planta inmutable y más bien simple durante una larga época pero que, una vez al año, deja surgir de su centro un tallo largo y florecido para demostrarnos que también ella conoce de belleza.

4 de septiembre de 2015

Trinity, sálvame de la basura

Levantar los desechos que alguien más tiró y depositarlos en donde corresponde es algo... ¿tonto? ¿Loable, digno de imitar? ¿Quién le da un calificativo más acertado?
Pero levantarlos para cargárselos a cuestas, es... ¡por decir poco, estúpido! Innecesario, pesado, doloroso, maloliente, fatigoso...
Bueno, pues eso es lo que me ha pasado a mí. Sí, hoy lo descubrí.
En muchísimas situaciones de la vida uno se topa con gente negativa. Gente que lanza calificativos despectivos, que musita sospechas donde no caben, que se atrinchera en su comodidad y si se le pide un apoyo extra, pregunta: "Y, ¿qué saco yo de todo esto?" Gente que se vive comparando con los demás...
De todos esos desechos que dejan a nuestro paso, algo nos va manchando. Si queremos. Por supuesto, porque también podríamos pasar de largo y dejar que lo saquen sin que nos contamine. Pero es que, en la convivencia diaria, es muy difícil no engancharse. Y primero, eres interlocutor, luego confidente, luego cómplice... ¡para terminar siendo el iniciador! De chismes, murmuraciones, difamación, maledicencia, sospechas, desprecios, atrincheramientos, incredulidad...  Así que la voluntad va cediendo y luego es muy difícil retroceder.
Hoy caí en la cuenta que he andado recogiendo los desechos que otros hábilmente han sabido ir dejando a mi paso. Y es posible que ellos sólo los hayan lanzado como cáscaras de banano para que yo resbalara. ¡Qué mal y cuánto daño he hecho!
Debo recomenzar, volver al inicio; cuando el alma era inocente y esperaba en su Dios, sólo esperaba. Miraba, escuchaba y callaba. Porque sabe que Dios al final, no se queda callado. Porque está segura en su refugio, que es Él. Porque sabe que la verdad del corazón sólo la ve Él.
Dejo hoy de recoger los desechos de otros y de adueñarme de la negatividad que nunca fue mía, porque no me pertenece, porque yo no la pedí, porque nací libre para escogerla o rechazarla y sobre todo, para iluminar el entorno donde Dios me ha puesto.
Y si lo llego a hacer, si vuelvo a recoger desechos de alguien más, será sólo para depositarlos donde corresponde: en la basura.

29 de diciembre de 2014

Que no muera nadie por bala hoy en mi Guatemala

Muy temprano sale el sicario a trabajar
se mancha las manos de sangre
deja tendido el cadáver.
Las manos manchadas cobran su paga y se va.

Muy temprano salió el piloto de autobús.
Él sabe que está amenazado de muerte
pero no quiere quedarse en casa
podría intranquilizar a sus hijos y mujer.

Él es necesario.
Eso... no le importa al sicario.
Señor, ¡que no muera nadie por bala
hoy en mi Guatemala!

7 de enero de 2013

Trinity, sálvame del ego

¡Esto de los idiomas y tratar de entenderse con todo el mundo y traducir es genial!

George es el equivalente en inglés para el nombre castizo Jorge; Yuri, en ruso, Giorgio en italiano.

Según los autores y traductores, así también John es Juan, Matthew, Mateo; Joseph, José; et cætera...

Jean es el equivalente en francés para el español Juan; por lo tanto, Jeannette es el equivalente para Juana, lo mismo que Johanna en alemán y Giovanna en italiano. Eso les debe venir muy incómodo a muchas Jeannettes, Janettes, Janets, Yaneths -o como sea que hayan cambiado la ortografía original- de hoy día. Por supuesto que ellas se llaman Jeannette y no Juana, que suena bastante más ordinario y menos... ¿actual?

Para una gran mayoría, es mucho mejor opción encontrar nombres sin traducción - práctica por demás difundida en mis latitudes (los Milton, Marlon, Gerson, Erick, Edwin y las Wendy, Lissette y Shirley lo saben).

La belleza duele dicen algunas hoy día.
Yo les diría que la cultura también... en el ego, muchas veces.

7 de marzo de 2012

En un día como hoy...

Febrero de 1983. Mis compañeras de 5º magisterio y yo estábamos emocionadas por la próxima visita del ahora Beato Juan Pablo II a nuestra tierra. Todas hacían preparativos para trasnochar y desvelarse junto a scouts, familiares y amigos, armando la alfombra frente al colegio, por donde pasaría el Papamóvil.
Yo tenía muchas ganas de participar, pero por mi asma me preguntaba si podría hacerlo. El sereno me ponía muy mal. Otra opción era desistir de participar en la elaboración de la alfombra y caminar al día siguiente con mi mamá y hermanas en la peregrinación que saldría por "columnas" desde diferentes puntos de la capital hacia el Campo de Marte, donde sería la misa. Pensaba que sería extenuante, pero, al mismo tiempo, una oportunidad única en la vida que valdría la pena.
Una mañana, la mayoría de mis compañeras de clase terminaba ansiosa la tarea de una de las materias difíciles: Didáctica de las Matemáticas, Psicología del Niño y el Adolescente... una de esas, no recuerdo muy bien. Tocaba el período de Didáctica de la Música y la maestra, doña Yoly de Paniagua, nos esperaba en el salón, con su piano. Las afanadas decidieron no ir. Pero algunas de nosotras sí habíamos terminado la tarea en cuestión y, por consideración a doña Yoly también, decidimos bajar. Éramos unas seis: Rita, Mayarí, Sofi, Marisabel, Ana Beatriz y yo. Mientras nos dirigíamos hacia el salón, nos preguntábamos cómo excusaríamos al resto de la clase, ¿qué le diríamos a doña Yoly?
Lo que sucedió después siempre me ha hecho reflexionar sobre cómo Dios nos premió con creces aquel pequeño gesto de respeto y consideración hacia nuestra maestra. Doña Yoly nos sorprendió haciéndonos una prueba de afinación. No se mostró muy decepcionada por la ausencia del resto de la clase. En vez de ello, nos informó que el Instituto Belga Guatemalteco había sido seleccionado para conformar el gran coro que cantaría en la misa. ¡Estaba muy emocionada! Tenía que enviar unas 5 o 6 alumnas por clase.
En la prueba no puedo decir que hayamos destacado mucho por voz o entonación. Pero lo que sí nos distinguió fue el gran entusiasmo. ¡La sola posibilidad de estar cerquita del papa nos animaba enormemente! 
Doña Yoly y su gran corazón nos seleccionó a las seis. ¡Todas estaríamos en el coro! ¡No podíamos creerlo! Del dilema de estar o no estar en la alfombra, pasé a la euforia de pertenecer a la animación de la misa junto con otros grupos escolares de jóvenes y niños.
Desde ese día todo cambió. Tuvimos ensayos con el director, padre Pedro González, jesuita, quien nos citaba en el Liceo Javier, en el gimnasio del colegio y no recuerdo dónde más.
Cuando subimos a la clase y les contamos al resto de compañeras, tratamos de hacerlo sin presunción, pero apenas podíamos esconder el gozo que nos embargaba.
Himnario de la misa
Llegó el esperado 7 de marzo. Caminé hasta el colegio desde la casa de mi abuelita, 8 cuadras. En aquel entonces no era peligroso que una adolescente anduviera sola por las calles de mi ciudad. Me acompañaban un refrigerio, varios limones y crema Nivea "para evitar la insolación". Del colegio nos llevaron en bus hacia el Campo de Marte. Nos ubicaron desde tempranito en unas tarimas donde cantamos a todo pulmón aquellas famosas que oímos todavía: "Bendito el que viene en nombre del Señor", "Tú eres Pedro", "Gloria, ¡Gloria! A Dios en el cielo..." y tantas otras. Compartimos el honor junto a niños del Instituto Matías de Córdova, patojas del María Auxiliadora y muchachos del Liceo Javier.
Aquella misa, cuyo 29 aniversario es hoy, fue sin lugar a dudas inolvidable para mis amigas y yo. Estoy segura que para muchos de mis compatriotas también.
Para mí, fue la primera de una serie de aventuras que se han sucedido hasta el día de hoy: campamentos, caminatas y misas masivas; ocasiones perfectas para compartir con mis hermanos en la fe, nuestra razón: la Palabra de Dios; bajo sol y lluvia, a pesar de desvelos, cansancios y hasta insultos.
Dios nos recompensó un gesto... o más bien nos hizo un regalo inmerecido: ¡participar del coro que animaría la primera misa del beato Juan Pablo II en Guatemala! ¡Gracias por regalarme un acontecimiento tan inolvidable, Señor!

24 de noviembre de 2011

Darcy McGuire

Tengo una manera muy particular de decir las cosas. Franca, clara y directa - muy poco política, dirían algunos. Para los españoles, ideal.

A veces lo atribuyo a mi crianza, que estuvo en un 80% influenciada por mi padre, de los 0 a los 12 años. Solía ser recio, intolerante, le desagradaban mucho las blandeces y los rodeos. Para él, al pan se le decía pan y al vino, vino. Así nos hablaba y así había que hablarle. Crecí creyendo que todo se debía decir sin anestesia y que era, con mucho, lo mejor.

Al divertirme, también demuestro con total desparpajo todo aquello que me causa gracia. Suelto risotadas, levanto la voz, expreso sin timidez mis sentimientos con gestos y ademanes exagerados.
De más está decir que estas actitudes me han granjeado no pocas enemistades.

Al caminar denoto seguridad con pasos largos y sin ver a los lados. Esto lo hago para no tropezar. La aparente seguridad no es más que un disfraz para mi inseguridad.

Todo lo anterior, aunado a mi apariencia: alta estatura y fuertes proporciones, da como resultado una fémina muy poco femenina. Y sumado al hecho de permanecer soltera... toda mi personalidad se ha prestado a muchas malas interpretaciones... sí, en cuanto a mis preferencias.

Algunos me lo han dicho de frente: «Seguramente sos les». Otros lo denotan con el trato. Tal vez lo han hecho para que les demuestre con hechos que no lo soy.

Que la gente piense lo que quiera. Es una lección que me costó mucho tiempo aprender pero que debería ser de las primeras para sobrevivir. Ni me ofendo, ni me defiendo. Incluso me permito imaginar; ¿y qué, si lo fuera?

Para mis adentros, prefiero identificarme con el magnífico personaje de Darcy McGuire, interpretado por Helen Hunt en "What Women Want". Ella sufre por ser tan honesta y a veces se arrepiente. Pero decir lo que uno piensa y siente es una garantía de transparencia y no de apariencia.

Eso sí: los sinsabores de días pasados me han enseñado a pensar un poco más las cosas antes de hablar. He llegado incluso a adornarlas con "merengue, chocolate y guindas", como hacemos todos los latinoamericanos, según una conocida española.

24 de abril de 2011

El Hombre "Pavo Real"

Foto cortesía de Oregon Zoo.
Antes, éramos las mujeres las "bellas" de la especie...


El pasado 20 de abril, Miércoles Santo, paseábamos por el Malecón del puerto La Libertad, los delegados de comunicación social salesiana durante un momento de esparcimiento. Habíamos llegado a El Salvador el lunes 18 para un encuentro que duró hasta ese día.

Caminábamos de regreso hacia el muelle mi amiga Ligia y yo, que somos ya señoras de cuatro décadas, según Arjona. No obstante, un muchacho veinteañero -si se puede menos- nos vio venir, respiró hondo inflando el pecho y sacó a relucir sus pectorales. Dudé si lo haría para lucirse con nosotras. Salí de dudas cuando pasamos a su lado y, para no pasar inadvertido, extendió ambos brazos a todo lo ancho... ¡casi se podía decir que en ademán de alzar el vuelo... y con riesgo de darnos un manotazo!

¡Cuánto me recordó a los pavo-reales, que despliegan su hermosa cola para llamar la atención de alguna hembra!

Hace algunas décadas, para explicar las diferencias de las especies, los versados en la materia decían que entre los animales, el macho era más bello que la hembra. A diferencia de los humanos, en los que, por default, las hembras son las bellas (con excepciones, claro). Ahí tenemos al quetzal y al pavo real, por ejemplo. Y, en la fase de apareamiento, el macho se luce con toda su belleza para atraer a la hembra. El hombre, en cambio, se valía de demostraciones más refinadas para conquistar.

Hoy no.

Los varones ya no buscan la belleza afuera de ellos, sino más bien desean exhibir la propia y atraer así, a las damas.

Es un cambio total de época: los que antes conquistaban, ahora quieren ser conquistados; los que antes se decían "entre más feo, más hermoso", quieren ser ahora los bellos, et cætera.
Si me hubiera percatado de esto antes, no estaría tan extrañada. Ya, bajando libros, recuerdo a uno que otro que se paseó delante de mí con aires arrogantes o se me coló en alguna fila buscando llamar mi atención y yo... ¡ni los tomé en cuenta! Otras veces, me ofendía su arrogancia o atrevimiento...

¡Qué risa me da hoy! Si tan sólo hubiera captado su poca sutileza en aquel entonces, hoy tal vez sería la conquistada... o conquistadora.

10 de marzo de 2011

Amor de madre...

Hace algunos años me tocó trabajar con dos hermanos, en lugares diferentes y épocas distintas. Ambos eran unos verdaderos artistas con el pincel, el marcador... su trabajo era hacer ilustraciones para agencias de publicidad.
Ambos hermanos eran conocidos en el medio por su debilidad: eran bolos. De la cima que alcanzaban con su gran talento, caían de repente en un gran abismo que los absorbía por tres, cuatro días: ¡desaparecían! Llegó el punto en que los jefes, compañeros de trabajo ya no se preocupaban: "Debe andar chupando... ya agarró furia otra vez...", eran los comentarios. Y era así como conseguían y perdían el trabajo. Una y otra vez.
La única que nunca dejó de preocuparse fue la madre. Conocedora de las debilidades de sus hijos, los esperaba hasta altas horas de la madrugada, el amanecer, el día siguiente. Nunca perdía la esperanza. Y si con la vida debía recuperarlos, ¡con la vida lo haría!
Fue así como salió una noche a buscarlos, vehemente, luchadora, recorrió calles, avenidas, calzadas, bares, deseando encontrarlos, ¡como estuvieran! Tirados, sucios, vomitados, la única que no se asquearía por levantarlos sería ella. Los levantaría y los traería a casa una vez más...
Sólo que esta vez, fue a ella a la que tuvieron que levantar. Enceguecida de dolor no vio el vehículo que se abalanzó sobre ella. Esta vez no regresó.
Esta vez no fue ella la que encontró. Tuvo que ser encontrada.
Dicen que uno de los hermanos había jurado no volver a tomar... pero cada vez que recuerda a su madre, que por salirlo a buscar perdió la vida, el remordimiento no lo deja en paz y lo único que mitiga su dolor... ¡es seguir chupando!