7 de marzo de 2012

En un día como hoy...

Febrero de 1983. Mis compañeras de 5º magisterio y yo estábamos emocionadas por la próxima visita del ahora Beato Juan Pablo II a nuestra tierra. Todas hacían preparativos para trasnochar y desvelarse junto a scouts, familiares y amigos, armando la alfombra frente al colegio, por donde pasaría el Papamóvil.
Yo tenía muchas ganas de participar, pero por mi asma me preguntaba si podría hacerlo. El sereno me ponía muy mal. Otra opción era desistir de participar en la elaboración de la alfombra y caminar al día siguiente con mi mamá y hermanas en la peregrinación que saldría por "columnas" desde diferentes puntos de la capital hacia el mencionado campo. Pensaba que sería extenuante, pero, al mismo tiempo, una oportunidad única en la vida que valdría la pena.
Una mañana, la mayoría de mis compañeras de clase terminaba ansiosa la tarea de una de las materias difíciles: Didáctica de las Matemáticas, Psicología del Niño y el Adolescente... una de esas, no recuerdo muy bien. Tocaba el período de Didáctica de la Música y la maestra, doña Yoly de Paniagua, nos esperaba en el salón, con su piano. Las afanadas decidieron no ir. Pero algunas de nosotras sí habíamos terminado la tarea en cuestión y, por consideración a doña Yoly también, decidimos bajar. Éramos unas seis: Rita, Mayarí, Sofi, Marisabel, Ana Beatriz y yo. Mientras nos dirigíamos hacia el salón, nos preguntábamos cómo excusaríamos al resto de la clase, ¿qué le diríamos a doña Yoly?
Lo que sucedió después siempre me ha hecho reflexionar sobre cómo Dios nos premió con creces aquel pequeño gesto de respeto y consideración hacia nuestra maestra. Doña Yoly nos sorprendió haciéndonos una prueba de afinación. No se mostró muy decepcionada por la ausencia del resto de la clase. En vez de ello, nos informó que el Instituto Belga Guatemalteco había sido seleccionado para conformar el gran coro que cantaría en la misa. ¡Estaba muy emocionada! Tenía que enviar unas 5 o 6 alumnas por clase.
En la prueba no puedo decir que hayamos destacado mucho por voz o entonación. Pero lo que sí nos distinguió fue el gran entusiasmo. ¡La sola posibilidad de estar cerquita del papa nos animaba enormemente! 
Doña Yoly y su gran corazón nos seleccionó a las seis. ¡Todas estaríamos en el coro! ¡No podíamos creerlo! Del dilema de estar o no estar en la alfombra, pasé a la euforia de pertenecer a la animación de la misa junto con otros grupos escolares de jóvenes y niños.
Desde ese día todo cambió. Tuvimos ensayos con el director, padre Pedro González, jesuita, quien nos citaba en el Liceo Javier, en el gimnasio del colegio y no recuerdo dónde más.
Cuando subimos a la clase y les contamos al resto de compañeras, tratamos de hacerlo sin presunción, pero apenas podíamos esconder el gozo que nos embargaba.
Himnario de la misa
Llegó el esperado 7 de marzo. Caminé hasta el colegio desde la casa de mi abuelita, 8 cuadras. En aquel entonces no era peligroso que una adolescente anduviera sola por las calles de mi ciudad. Me acompañaban un refrigerio, varios limones y crema Nivea "para evitar la insolación". Del colegio nos llevaron en bus hacia el Campo Marte. Nos ubicaron desde tempranito en unas tarimas donde cantamos a todo pulmón aquellas famosas que oímos todavía: "Bendito el que viene en nombre del Señor", "Tú eres Pedro", "Gloria, ¡Gloria! A Dios en el cielo..." y tantas otras. Compartimos el honor junto a niños del Matías de Córdova, patojas del María Auxiliadora y muchachos del Liceo Javier.
Aquella misa, cuyo 29 aniversario es hoy, fue sin lugar a dudas inolvidable para mis amigas y yo. Estoy segura que para muchos de mis compatriotas también.
Para mí, fue la primera de una serie de aventuras que se han sucedido hasta el día de hoy: campamentos, caminatas y misas masivas; ocasiones perfectas para compartir con mis hermanos en la fe, nuestra razón: la Palabra de Dios; bajo sol y lluvia, a pesar de desvelos, cansancios y hasta insultos.
Dios nos recompensó un gesto... o más bien nos hizo un regalo inmerecido: ¡participar del coro que animaría la primera misa del beato Juan Pablo II en Guatemala! ¡Gracias por regalarme un acontecimiento tan inolvidable, Señor!

24 de noviembre de 2011

Darcy McGuire

Tengo una manera muy particular de decir las cosas. Franca, clara y directa - muy poco política, dirían algunos. Para los españoles, ideal.

A veces lo atribuyo a mi crianza, que estuvo en un 80% influenciada por mi padre, de los 0 a los 12 años. Solía ser recio, intolerante, le desagradaban mucho las blandeces y los rodeos. Para él, al pan se le decía pan y al vino, vino. Así nos hablaba y así había que hablarle. Crecí creyendo que todo se debía decir sin anestesia y que era, con mucho, lo mejor.

Al divertirme, también demuestro con total desparpajo todo aquello que me causa gracia. Suelto risotadas, levanto la voz, expreso sin timidez mis sentimientos con gestos y ademanes exagerados.
De más está decir que estas actitudes me han granjeado no pocas enemistades.

Al caminar denoto seguridad con pasos largos y sin ver a los lados. Esto lo hago para no tropezar. La aparente seguridad no es más que un disfraz para mi inseguridad.

Todo lo anterior, aunado a mi apariencia: alta estatura y fuertes proporciones, da como resultado una fémina muy poco femenina. Y sumado al hecho de permanecer soltera... toda mi personalidad se ha prestado a muchas malas interpretaciones... sí, en cuanto a mis preferencias.

Algunos me lo han dicho de frente: «Seguramente sos les». Otros lo denotan con el trato. Tal vez lo han hecho para que les demuestre con hechos que no lo soy.

Que la gente piense lo que quiera. Es una lección que me costó mucho tiempo aprender pero que debería ser de las primeras para sobrevivir. Ni me ofendo, ni me defiendo. Incluso me permito imaginar; ¿y qué, si lo fuera?

Para mis adentros, prefiero identificarme con el magnífico personaje de Darcy McGuire, interpretado por Helen Hunt en "What Women Want". Ella sufre por ser tan honesta y a veces se arrepiente. Pero decir lo que uno piensa y siente es una garantía de transparencia y no de apariencia.

Eso sí: los sinsabores de días pasados me han enseñado a pensar un poco más las cosas antes de hablar. He llegado incluso a adornarlas con "merengue, chocolate y guindas", como hacemos todos los latinoamericanos, según una conocida española.

24 de abril de 2011

El Hombre "Pavo Real"

Foto cortesía de Oregon Zoo.
Antes, éramos las mujeres las "bellas" de la especie...


El pasado 20 de abril, Miércoles Santo, paseábamos por el Malecón del puerto La Libertad, los delegados de comunicación social salesiana durante un momento de esparcimiento. Habíamos llegado a El Salvador el lunes 18 para un encuentro que duró hasta ese día.

Caminábamos de regreso hacia el muelle mi amiga Ligia y yo, que somos ya señoras de cuatro décadas, según Arjona. No obstante, un muchacho veinteañero -si se puede menos- nos vio venir, respiró hondo inflando el pecho y sacó a relucir sus pectorales. Dudé si lo haría para lucirse con nosotras. Salí de dudas cuando pasamos a su lado y, para no pasar inadvertido, extendió ambos brazos a todo lo ancho... ¡casi se podía decir que en ademán de alzar el vuelo... y con riesgo de darnos un manotazo!

¡Cuánto me recordó a los pavo-reales, que despliegan su hermosa cola para llamar la atención de alguna hembra!

Hace algunas décadas, para explicar las diferencias de las especies, los versados en la materia decían que entre los animales, el macho era más bello que la hembra. A diferencia de los humanos, en los que, por default, las hembras son las bellas (con excepciones, claro). Ahí tenemos al quetzal y al pavo real, por ejemplo. Y, en la fase de apareamiento, el macho se luce con toda su belleza para atraer a la hembra. El hombre, en cambio, se valía de demostraciones más refinadas para conquistar.

Hoy no.

Los varones ya no buscan la belleza afuera de ellos, sino más bien desean exhibir la propia y atraer así, a las damas.

Es un cambio total de época: los que antes conquistaban, ahora quieren ser conquistados; los que antes se decían "entre más feo, más hermoso", quieren ser ahora los bellos, et cætera.
Si me hubiera percatado de esto antes, no estaría tan extrañada. Ya, bajando libros, recuerdo a uno que otro que se paseó delante de mí con aires arrogantes o se me coló en alguna fila buscando llamar mi atención y yo... ¡ni los tomé en cuenta! Otras veces, me ofendía su arrogancia o atrevimiento...

¡Qué risa me da hoy! Si tan sólo hubiera captado su poca sutileza en aquel entonces, hoy tal vez sería la conquistada... o conquistadora.

10 de marzo de 2011

Amor de madre...

Hace algunos años me tocó trabajar con dos hermanos, en lugares diferentes y épocas distintas. Ambos eran unos verdaderos artistas con el pincel, el marcador... su trabajo era hacer ilustraciones para agencias de publicidad.
Ambos hermanos eran conocidos en el medio por su debilidad: eran bolos. De la cima que alcanzaban con su gran talento, caían de repente en un gran abismo que los absorbía por tres, cuatro días: ¡desaparecían! Llegó el punto en que los jefes, compañeros de trabajo ya no se preocupaban: "Debe andar chupando... ya agarró furia otra vez...", eran los comentarios. Y era así como conseguían y perdían el trabajo. Una y otra vez.
La única que nunca dejó de preocuparse fue la madre. Conocedora de las debilidades de sus hijos, los esperaba hasta altas horas de la madrugada, el amanecer, el día siguiente. Nunca perdía la esperanza. Y si con la vida debía recuperarlos, ¡con la vida lo haría!
Fue así como salió una noche a buscarlos, vehemente, luchadora, recorrió calles, avenidas, calzadas, bares, deseando encontrarlos, ¡como estuvieran! Tirados, sucios, vomitados, la única que no se asquearía por levantarlos sería ella. Los levantaría y los traería a casa una vez más...
Sólo que esta vez, fue a ella a la que tuvieron que levantar. Enceguecida de dolor no vio el vehículo que se abalanzó sobre ella. Esta vez no regresó.
Esta vez no fue ella la que encontró. Tuvo que ser encontrada.
Dicen que uno de los hermanos había jurado no volver a tomar... pero cada vez que recuerda a su madre, que por salirlo a buscar perdió la vida, el remordimiento no lo deja en paz y lo único que mitiga su dolor... ¡es seguir chupando!

11 de enero de 2010

Muestras gratis


Hace poco tuve tres encuentros... ¿cómo decirlo? ¿Interesantes... culturales... experiencia de aprendizaje...? Pues tal vez, algo de los tres.

A mi edad y con tanta soltería acumulada, no hay mucha oportunidad de conocer solteros disponibles, con ánimos de entablar, por lo menos, una amistad o que se sientan incluso atraídos...

Pues bien, hay que estar abierta a las posibilidades, ¿cierto? Y precisamente eso fue lo que me sucedió: tres posibilidades. Tres personas diferentes, ¡con las mismas intenciones! ¿Entablar una relación? Bueno... yo no lo llamaría así. Diferentes edades, cultura y hasta raíces, pero los tres con un solo objetivo: ¡recibir una muestra gratis...! ¿Tengo cara de muestrario? Yo no doy muestras gratis. Estoy muy acostumbrada a valorarme como para ponerme a la disposición del manoseo curioso. Y claro, semejantes "señoriteos" no le vienen bien a algunos que están tan acostumbrados a ser ellos mismos, muestras gratis. ¡Pobres! Están más devaluados que nuestra moneda nacional. Si lo supieran... Ah no, pero ellos se creen todos unos conquistadores♥, con derecho a obtenerlo todo sin mucho esfuerzo. ¡Más aún! Sin riesgos: de involucrar el corazón menos que nada.

¿De galanteos? Mejor me río... ¡Como verdaderos conquistadores dejan mucho que desear! Allá ellos... y las muestreadoras que gratuitamente los han acostumbrado a la complacencia... ¿mutua...?

Y para la próxima, abriré mejor los ojos para no creer que todo lo que brilla es oro.

5 de enero de 2010

Entra el invierno...


Bueno, así es: este otoño anuncia el invierno. Debo aceptarlo.
No más ilusiones de niña quinceañera atrapada en un cuerpo que lleva varios múltiplos de 15 y no hace ningún esfuerzo por ocultarlo...
Se acabó la juventud y con ella varias etapas que ya no me corresponde vivir.
La mente juguetea a veces, pero en este inicio de año está tan aletargada que ni siquiera ella se ha atrevido a soñar... en nada.
Lo que toca ahora: las de la hormiga, trabajar y ahorrar para el invierno. Hace ratos que dejé de ser una cigarra juguetona y despreocupada con la confianza de que todo se solucionaría. Ya no.
El invierno llegará, inexorablemente y ojalá me encuentre preparada. Debo aprender a recibirlo con dignidad, con la frente en alto y sin remordimientos por lo vivido o lo que dejé de vivir. Lo anterior así fue, me guste o no.
¡Adiós juventud, adiós primavera y verano, ya no los volveré a ver!
¡Bienvenido otoño, te estaba esperando!

12 de marzo de 2009

¡Gracias a Dios por el pericón!

Hace unos 5 años descubrí que la hierba Hypericum perforatum calma la ansiedad. En inglés la llaman Saint John's wort (o wart) e incluso la venden en forma de cápsulas -que estuve tomando por un buen tiempo. Investigando un poco más me di cuenta que es el bendito pericón tan recomendado por las mamás y las abuelitas para el cólico.

De esa fecha hasta ahora no me falta mi pericón. Si es para dormir, si es para despertarme, si es porque ando con stress, si es porque ya viene esa fecha... Mi pericón siempre me acompaña.

Sus propiedades analgésicas y calmantes me proveen de un arma anti-stress que me ayuda a sobrellevar la carga diaria. ¡Siento como que he descubierto la panacea de este siglo! Mi mente está lista para responder, pero relajadamente; me mantengo alerta sin estar eléctrica y las depresiones que durante décadas me atacaron ya no han regresado. Descubrimiento paradójicamente realizado hace muchos siglos, por muchas personas también.

¡Bendito seas Señor, por el pericón!

10 de diciembre de 2008

Guatemalenses

Desde pequeña me pregunté por qué nuestro gentilicio es guatemalteco. ¿Y qué tal si en vez de guatemalteco hubiera sido guatemalense como uno que otro poeta dice por ahí?
¿O guatemaleño? ¿Y qué tal si a los zacapanecos, por ejemplo, los llamáramos zacapeños? Más bonito, ¿verdad? Y más corto, para efectos de lenguaje, más práctico.
¿O zacapenses?
¿O zacapanos?
¿O zacaperos?

Hay, en fin tantas posibilidades que me extraña un poco por qué los que las eligieron, escogieron a veces las más complicadas. Para mí, sería más fácil decir zacapeño, sololense, jutiapense, chiquimuleño y así otras muchas.

29 de octubre de 2007

¿Innumerable?

¿A quién se le ocurrió la palabreja innumerable? Esta palabra es en sí misma, un despropósito del lenguaje... NO puede haber algo que sea realmente innumerable. Por lo tanto, es una palabra metafórica.

Según TODO EL ORDEN en nuestro universo y los estudiosos que ya se fijaron en ello antes que nosotros, el único conjunto verdaderamente de verdad (como diría Asturias) INFINITO es el de los números... ¿No es eso maravilloso..!
Según la RAE:
innumerable.
1. Que no se puede reducir a número.
2. copioso.
Es más aceptable esta segunda acepción, ¿o no?

Pero siendo los números infinitos, NO HAY NADA que no pueda ser numerable... incluso ellos mismos. Y si no, que lo desmienta el inventor del "google"... Será mejor decir "incontable", que necesariamente implica la actividad humana de contar. Entonces ya dependerá del humor del que quiera... ¡o no quiera contar!

7 de septiembre de 2007

Ganancias manchadas


Un fulano conocido mío, comerciante, vive en una zona dominada cada vez más por el narcotráfico... situación por demás común en estos días.


Al comentar la disposición de los jóvenes del lugar a gastar compulsivamente los grandes billetes que les dan sus padres en las actividades de su negocio, este fulano lo tomó con una ligereza asombrosa: "Mientras me dejen ganancias..."


O sea, al fulano aquel no le importa la procedencia del dinero ni el precio que por obtenerlo haya tenido que pagarse... Ganancias muchas veces manchadas con sangre, extorsión, secuestro, denigración, terror, deterioro, degradación, violaciones, irresponsabilidad, ligereza de criterio y apego a la comodidad y facilidad.
Realmente me impactó. Este conocido mío se dice creyente, temeroso del Señor y ha vivido prácticas de cristiano, aparentemente coherentes.
Creo que tanto a él como a todos debería preocuparnos si al beneficiarnos en algo estamos contribuyendo a que la sociedad se siga deteriorando. Sobre todo por su hijo, que -Dios lo libre- no está libre de contaminarse con la maldad de esta sociedad... que tarde o temprano se encargará de cobrarnos el precio.

27 de agosto de 2007

La práctica "más civilizada" de suicidio de la que he oído

Mi amigo Chechanovich me contó escandalizado cómo proceden las personas que planean suicidarse en Japón:
  1. Acuden a una oficina de servicios civiles -o algo así- y notifican su plan de suicidarse.
  2. Dejan copia de las llaves de su apartamento y el registro de las cosas importantes: papeles, dinero, constancias de deudas canceladas, etc.
  3. En la oficina les asignan un día, hora y lugar para consumar el suicidio; con el fin de que no atranquen el tráfico en alguna hora pico o causen impresiones desagradables en zonas muy transitadas...

¿¿¿!!!!

Nos escandalizábamos los dos, comentando esta "civilizada" iniciativa.

Para mí, la cultura de Japón ignora lo que es la misericordia. Y peor aún, viven ignorantes de la Misericordia Divina.

La mayoría de las personas que deciden suicidarse, según me contaba Novich, son ancianos solitarios que viven en un pequeño apartamento, por lo que nadie se preocupa ni ocupa y a los que nadie visita ni hace sentir querido o útil. Los que se sienten útiles a la sociedad son los jóvenes productivos que trabajan hasta 18 horas diarias y a los que se les hace muy natural vivir únicamente para esto, sin acordarse ni por un segundo de sus padres o abuelos. Lo más triste es que les llegará el día a ellos... Estarán del otro lado y tal vez sólo así recuerden a los que dieron la vida por permitirles sentirse realizados.